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UMBRALES · 7 min

La inteligencia artificial empieza antes de la inteligencia artificial

Argentina tiene conectividad y capacidades en IA. La desigualdad educativa exige que su adopción incluya lectura, formación docente y herramientas para verificar las respuestas.

Por Kimey Newen · Especialista en transformación digital y soluciones para organizaciones, territorios y gobiernos.

Argentina tiene conectividad y capacidades en IA. La desigualdad educativa exige que su adopción incluya lectura, formación docente y herramientas para verificar las respuestas.

Argentina discute inteligencia artificial como si el problema principal fuera llegar tarde. No es exactamente así. El país integra el grupo de “adoptantes” del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 y muestra fortalezas en desarrollo de software, investigación y uso de herramientas generativas. La dificultad más profunda está en otra parte: no todos llegan a esa tecnología con la misma capacidad para comprender una consigna, formular una pregunta y reconocer una respuesta falsa.

La conectividad ofrece una imagen alentadora, pero incompleta. En el cuarto trimestre de 2024, el 93,7% de los hogares urbanos tenía acceso a internet; sólo el 60,3% disponía de una computadora. Noventa de cada cien personas de cuatro años o más utilizaban internet, mientras apenas el 37,1% usaba computadora. El teléfono abrió la puerta digital. No garantizó, por sí solo, una apropiación compleja de las herramientas.

Acceso de los hogares de 31 aglomerados urbanos: internet 93,7%; computadora o tableta 60,3%. INDEC, cuarto trimestre de 2024.

La conexión del hogar no mide uso de inteligencia artificial ni habilidades digitales. Fuente: INDEC, MAUTIC 2024.

La brecha comienza antes del primer prompt. Aprender Alfabetización 2024 encontró que sólo el 45% de los estudiantes de tercer grado alcanzaba la habilidad lectora esperada; el 30,5% estaba significativamente rezagado. Entre los sectores de menores recursos, el rezago llegaba al 44%, frente al 12,6% de los sectores más favorecidos. Es una medición escolar, no un diagnóstico de toda la población argentina. Pero advierte sobre el piso desde el cual una generación deberá interpretar sistemas que escriben con seguridad incluso cuando se equivocan.

Niveles de lectura de estudiantes de tercer grado: 45% alcanza el esperado, 24,5% está en proceso y 30,5% está significativamente rezagado.

Habilidades lectoras al finalizar el primer ciclo de primaria. Porcentajes oficiales redondeados. Fuente: Aprender Alfabetización 2024.

Dentro de cada grupo de tercer grado: 44 de cada 100 estudiantes de menores recursos presentan rezago lector, frente a unos 13 de cada 100 de sectores más favorecidos. El rezago es aproximadamente 3,5 veces tan frecuente en el primer grupo.

Cómo leer esta diferencia. De cada 100 estudiantes de tercer grado de los sectores de menores recursos, 44 presentan rezago lector significativo. Entre 100 estudiantes de los sectores más favorecidos, son aproximadamente 13. La distancia es de 31,4 puntos porcentuales: el rezago resulta unas 3,5 veces tan frecuente en el primer grupo. Los porcentajes cuentan estudiantes dentro de cada grupo; no indican qué porcentaje de un texto comprende cada chico.

Qué significa «rezago lector». La categoría reúne desempeños diferentes: chicos que empiezan a leer oraciones, otros que se inician en textos simples y otros que los comprenden principalmente de manera literal. No significa que todos sean incapaces de leer. Fuente: Aprender Alfabetización 2024.

Por qué importa para la IA. Interpretar una consigna, identificar lo que una respuesta omite y contrastarla con otra fuente requiere comprensión. Nuestra lectura es que esas dificultades pueden limitar el aprovechamiento autónomo de la IA y aumentar la necesidad de acompañamiento docente. La evaluación no midió uso de IA ni demuestra que el ingreso explique por sí solo el desempeño: permite advertir que los alumnos parten de condiciones educativas desiguales.

La inteligencia artificial generativa desplaza la desigualdad desde el acceso hacia el criterio. Copiar una respuesta es fácil. Evaluar si responde a la pregunta, detectar una omisión, contrastar una cifra y reformular una instrucción exige lectura, vocabulario y conocimiento previo. Quien posee esas herramientas usa la IA como multiplicador. Quien no las posee corre el riesgo de delegar en ella decisiones que tampoco puede auditar.

En educación, por eso, la falsa opción es prohibirla o dejarla actuar sin mediación. Bien utilizada, puede adaptar ejercicios, explicar un concepto de otra manera, ofrecer práctica y aliviar tareas administrativas. Mal utilizada, reemplaza el esfuerzo de leer por una respuesta plausible y convierte la dificultad de aprendizaje en dependencia tecnológica. El programa argentino PAIDEIA adopta un principio correcto: la IA no es neutral ni infalible y no sustituye al docente. La pregunta decisiva es si ese criterio llegará con formación, recursos y evaluación a cada aula, y no sólo a las escuelas que ya tienen mejores condiciones.

Tres experiencias y una misma regla

Una institución educativa. Georgia State University combinó un portal de ingreso con Pounce, un asistente automatizado que respondía consultas concretas sobre becas, documentación, exámenes e inscripción, y derivaba los problemas que requerían intervención humana. En el verano de 2016 respondió más de 200.000 consultas y redujo un 22% la cantidad de estudiantes admitidos que finalmente no comenzaban sus estudios: 324 jóvenes adicionales llegaron al primer día de clase. No reemplazó una materia ni a un profesor. Quitó obstáculos precisos en un momento preciso.

Una política de gobierno. Prometea, desarrollada por el Ministerio Público Fiscal porteño y el IALAB de la Universidad de Buenos Aires, automatizó tareas repetitivas en expedientes. Un informe del BID registró reducciones de 167 a 38 días en procesos de requerimiento a juicio y de 190 a 42 días en determinados amparos habitacionales. La experiencia mostró capacidad para liberar tiempo profesional, pero también su límite: la recomendación automática debe quedar sometida a decisión humana, trazabilidad y control de sesgos. Eficiencia no puede significar opacidad, menos aún cuando están en juego derechos.

Una política social y barrial. IDEAtlas combina imágenes satelitales abiertas e inteligencia artificial para localizar y seguir la evolución de asentamientos informales. La herramienta, impulsada en la región por el laboratorio de ciudades del BID, permite que municipios, oficinas estadísticas y organizaciones sociales trabajen con mapas actualizables allí donde los censos son esporádicos o demasiado generales. No construye una vivienda ni prueba por sí sola una mejora social. Hace algo anterior y necesario: vuelve visible un territorio para orientar servicios, prevención de riesgos y mejoramiento barrial, y permite que el conocimiento local corrija al modelo.

Los tres casos comparten una regla: la IA funciona mejor cuando se aplica a un problema delimitado, con datos pertinentes, personas responsables y un resultado que se puede medir. Fracasa como política cuando se presenta como solución general, se compra antes de definir la necesidad o se usa para sustituir capacidades que el Estado todavía no garantizó.

Argentina necesita una política de adopción, pero también una política de comprensión. Alfabetización temprana, formación docente, acceso a dispositivos adecuados y espacios públicos de acompañamiento digital deberían formar parte de la misma agenda. Después, pilotos acotados, auditorías independientes, métricas públicas y siempre una vía humana para revisar decisiones.

La pregunta no es cuántos argentinos pueden usar inteligencia artificial. Es cuántos pueden discutir con ella. Si el país no responde primero esa pregunta, la tecnología más poderosa puede terminar confirmando la desigualdad más antigua.

Collage editorial animado a partir de arte propio creado con IA; no es un registro documental de un aula. Datos: INDEC y Aprender Alfabetización 2024. La evaluación lectora no mide el uso de IA.

Transcripción y fuentes del video

Columna de Kimey Newen. Narración con voz sintética local; no corresponde a la voz del autor. Gráficos y edición: La Red. Fuentes del video: INDEC, MAUTIC del cuarto trimestre de 2024, y Aprender Alfabetización 2024. Subtítulos incorporados al video.

Leer la transcripción del video

Pedirle una respuesta a la inteligencia artificial es fácil. Saber si esa respuesta tiene sentido es otra historia. En Argentina, casi noventa y cuatro de cada cien hogares urbanos tenían internet en dos mil veinticuatro. Estar conectados no es lo mismo que comprender. Ese año, Aprender mostró que sólo el cuarenta y cinco por ciento de los estudiantes de tercer grado alcanzaba el nivel lector esperado. Y no todos parten del mismo lugar: el rezago fue del cuarenta y cuatro por ciento en los sectores de menores recursos, frente al doce coma seis en los más favorecidos. Son datos escolares, no de toda la población. Por eso, sumar inteligencia artificial exige enseñar a preguntar, contrastar y decidir. Si una herramienta te da una respuesta perfecta, ¿cómo sabés que es cierta?

Fuentes de referencia

También disponible: ver el video en formato vertical ↗.