Javier Milei viaja a EE. UU. en busca de una foto con Donald Trump para fortalecer las negociaciones con el FMI, solicitando un adelanto de USD 20.000 millones. Además, se reunirá con el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, mientras intenta reforzar el respaldo internacional en un contexto económico crítico para Argentina.
Milei busca una foto con Trump para fortalecer su negociación con el FMI
En un giro inesperado y cargado de simbolismo político, Javier Milei decidió embarcarse en una visita exprés a Estados Unidos junto al ministro de Economía, Luis Caputo. El objetivo, aunque no aparece en la agenda oficial, es conseguir una imagen con Donald Trump que sirva como anclaje visual del apoyo republicano dentro de la etapa final de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, donde Argentina persigue un primer desembolso extraordinario de su nuevo acuerdo por USD 20.000 millones.
Según confirmaron fuentes cercanas al Ejecutivo, el presidente argentino y su ministro partirán este miércoles por la noche rumbo a Mar-a-Lago, la residencia privada de Trump en Palm Beach, Florida. El punto de encuentro será la denominada Gala de los Patriotas Americanos, organizada por We Fund the Blue, un evento de alto perfil donde Milei será condecorado por su defensa de los valores conservadores y el libre mercado. También allí, según se prevé, ocurrirá el esperado encuentro con el expresidente republicano.
La jugada tiene múltiples lecturas. Por un lado, se presenta como una maniobra política de alto riesgo orientada a reforzar el respaldo internacional que el gobierno necesita para apuntalar su exigencia frente al FMI. Por otro, refleja la prioridad que otorgó Milei a su vínculo con Trump, incluso por encima de contactos formales con autoridades demócratas, en un contexto donde las elecciones estadounidenses se acercan y la geopolítica encuentra nuevas tensiones.
El trasfondo es claro: el gobierno argentino está presionando para que el Fondo otorgue un primer desembolso mayor al promedio histórico —incluso superior al 40% del total del préstamo—, lo cual requiere el apoyo de los principales accionistas del organismo, con Estados Unidos a la cabeza. La foto junto a Trump busca operar como mensaje indirecto al board del FMI, aun sabiendo que la administración Biden sigue teniendo la voz principal dentro del organismo multilateral.
Caputo, quien mantuvo las riendas técnicas de la negociación, ya venía interactuando con el staff del Fondo. La propuesta argentina gira en torno a acelerar los tiempos y lograr una transferencia inicial significativa para fortalecer las reservas del Banco Central y consolidar la credibilidad del programa económico. La propia directora del FMI, Kristalina Georgieva, declaró recientemente que la propuesta argentina era “razonable”, lo que alimentó el optimismo en las filas libertarias, ávidas de gestos contundentes de confianza.
En paralelo a la movida internacional, el gobierno argentino acelera su agenda en el frente local. En las horas previas al viaje, Milei y Caputo tienen previsto recibir en la Casa Rosada al presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, con quien se analizan alternativas adicionales de financiamiento por unos USD 5.000 millones. La combinación de ambos encuentros —Trump por un lado, Banga por el otro— es parte de un operativo integral para blindar la estrategia financiera del Ejecutivo.
La elección del entorno para el encuentro con Trump no es menor. Mar-a-Lago, símbolo del trumpismo y enclave predilecto de la ultraderecha norteamericana, será el escenario de una gala que reunirá a empresarios, filántropos y referentes políticos conservadores. El evento es promovido por John Rourke, fundador de Make America Clean Again (MACA), una organización que apunta a causas sociales con un fuerte discurso patriótico, incluyendo campañas contra la inmigración ilegal y la trata de personas en la frontera con México. No es casualidad. Milei busca ubicarse como figura destacada dentro de ese ecosistema ideológico, y la gala funciona como plataforma para consolidar ese rol.
Este acelerón político ocurre en simultáneo con intentos diplomáticos paralelos. Horas antes del anuncio del viaje, el canciller Gerardo Werthein se reunió en Washington con el secretario de Estado, Marco Rubio, para avanzar en una agenda de cooperación bilateral y negociar una futura visita formal de Milei a la Casa Blanca. Dicha invitación, sin embargo, no se concretó todavía, lo cual añade relevancia táctica a este viaje a Mar-a-Lago. Milei busca un atajo para instalarse en la escena diplomática con figuras de peso mientras apuesta a consolidar un perfil de líder global libertario.
El contexto interno también aprieta. El gobierno necesita señales externas claras para reforzar su narrativa de éxito económico, justo cuando enfrenta tensiones en el Congreso y desafíos fiscales. El Banco Central sigue en situación crítica y un desembolso generoso del FMI aliviaría temporalmente esa presión. Por eso, cada gesto, cada imagen y cada guiño en esta etapa se vuelve una pieza dentro del rompecabezas más amplio de la gobernabilidad en tiempos de ajuste y reformas profundas.
La visita a Estados Unidos no es solo una postal diplomática. Es una apuesta directa al tablero geopolítico-financiero, donde la política exterior y la interna se cruzan de forma tangible. Milei busca jugar en las grandes ligas, conociendo los riesgos pero sabiendo que en la política, como en la economía, el capital más valioso en momentos de crisis es el respaldo. A veces, aunque solo venga en forma de una foto.