Un colectivo sin frenos causó un accidente en Parque Chacabuco, dejando 35 heridos, incluyendo menores y una mujer embarazada. El vehículo, en condiciones deficientes y con la patente cubierta, perdió el control y chocó contra una columna. La investigación se centra en las responsabilidades de la empresa y el cumplimiento de normativas.
Brutal accidente en Parque Chacabuco: un colectivo sin frenos deja 35 heridos
Un colectivo que trasladaba a una comparsa protagonizó un violento accidente en las primeras horas del domingo, en el barrio porteño de Parque Chacabuco. El vehículo, que acababa de salir de la Autopista 25 de Mayo, sufrió una falla mecánica que lo dejó sin frenos, perdió el control y terminó incrustado contra una columna, luego de impactar un automóvil estacionado y el guarraíl. El siniestro dejó un saldo de 35 heridos, 24 de los cuales debieron ser trasladados a distintos hospitales de la Ciudad de Buenos Aires. Entre ellos, hay once menores de edad y una mujer embarazada.
El episodio ocurrió en la intersección de las calles Viel y Tejedor, a metros de la bajada de la autopista, justo en una hora y zona de escasa circulación. Según fuentes oficiales, el colectivo era utilizado para trasladar a los miembros de una comparsa de regreso de una actividad artística. La causa más probable del accidente sería una falla en el sistema de frenos, aunque las condiciones del vehículo —que presentaba signos visibles de deterioro y circulaba con la patente tapada por una bolsa de plástico— llaman la atención y anticipan una investigación más profunda sobre su estado técnico y los controles que debieron haberse realizado antes de circular.
Apenas producido el choque, varias dotaciones del SAME acudieron al lugar y prestaron asistencia inmediata. De las 35 personas afectadas, 24 fueron derivadas a los hospitales Ramos Mejía, Penna, Durand, Piñero y Álvarez. Horas más tarde, cinco personas que inicialmente habían rechazado la atención hospitalaria tuvieron que llamar nuevamente al servicio de emergencias al constatar que sus heridas eran más graves de lo que creían.
El diagnóstico más delicado es el de un adolescente de 17 años que sufrió un traumatismo encéfalo craneano con pérdida de conocimiento. El resto presenta politraumatismos diversos aunque, según informaron desde los centros médicos, ninguno de ellos estaría en riesgo vital al momento. Las imágenes del interior del micro, donde se observa la violencia del impacto —con asientos desplazados, vidrios rotos y estructuras desprendidas— dan cuenta de la magnitud del suceso.
Lo que preocupa no es solo el accidente en sí, sino las condiciones en las que circulaba un transporte con niños y adolescentes a bordo. El micro, de unos 15 años de antigüedad, estaba en un estado visiblemente deficiente y no contaba con los resguardos mínimos de identificación, como la patente visible o identificación de habilitación. Este punto genera interrogantes sobre la responsabilidad tanto de la empresa responsable como de los organizadores del traslado. ¿Quién hizo el control técnico de ese vehículo? ¿Bajo qué marco se aprobó el transporte de menores en esas condiciones? Son preguntas clave que deberán responder las autoridades.
La fiscalía ya comenzó con el relevamiento de pruebas y se tomó declaración a los choferes y testigos, mientras se espera la pericia mecánica sobre el estado del colectivo. Aunque aún no se apunta a responsabilidades penales definidas, lo que salta a la vista es el nivel de informalidad con el que muchas veces se organizan actividades culturales o recreativas en contextos de total precariedad en el transporte, sobre todo aquellos que requieren traslados interurbanos sin control activo por parte del Gobierno de la Ciudad ni de organismos nacionales.
En un contexto donde la presión presupuestaria acorrala a los actores sociales y organizaciones de base, el mantenimiento de colectivos escolares suele estar relegado a segundo plano. Las comparsas, que intentan sostener actividades artísticas y comunitarias, muchas veces recurren a servicios económicos, sin saber si esos transportistas cumplen mínimos estándares. La falta de fiscalización, sumada a deficiencias técnicas estructurales, termina por configurar una bomba de tiempo que en este caso explotó con enorme fuerza y puso en riesgo decenas de vidas.
Lo paradójico es que este tipo de situaciones no son casos aislados. Son consecuencia de un sistema que delega el control en entidades sin recursos y finge ceguera institucional frente a prácticas extendidas. La tragedia de Parque Chacabuco debe servir como punto de inflexión: el transporte informal y en condiciones deplorables ya no puede ser ignorado. Las vidas que se salvaron no deben tapar el trasfondo de precariedad estructural que rodea la organización de este tipo de eventos.
El foco de la investigación ahora está puesto en la empresa propietaria del micro y en el circuito de contrataciones utilizado para el traslado. Las autoridades porteñas afirman que el vehículo no figuraba entre los habilitados para el transporte escolar. Si se confirma que los responsables incumplieron normas básicas de operación, podrían enfrentar cargos por negligencia y peligro para la vida de menores. Lo que sigue es una discusión más amplia: la necesidad imperiosa de revisar todos los esquemas de control sobre transporte recreativo y escolar en un país donde los límites entre lo legal y lo informal son cada vez más difusos.