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LA LIBERTAD REPRIMIDA POR EL TEMOR EN EL GOBIERNO «LIBERTARIO»
por Roberto Candelaressi
23 marzo, 2025
A MODO DE INTRODUCCIÓN
El sólido desempeño de los libertarios en Argentina confirma que ningún país, por democrático que sea, está a salvo de fuerzas xenófobas, demagógicas y violentas, que combinan la capacidad de explotar los temores más oscuros de la sociedad con el uso inteligente de herramientas modernas de comunicación política.
Tanto acá como en otras latitudes hemisféricas, el neoliberalismo imperante durante décadas contribuyó a vaciar de sentido las democracias occidentales, ahondando la desigualdad y creando las condiciones para que prosperen estas respuestas exasperadas.
Una nueva derecha, extrema, radical, neofascista, poco parecida a las derechas liberal-conservadoras que conocemos desde hace medio siglo, avanza en el mundo.
Aunque existen diferencias según los casos, se pueden identificar algunos rasgos comunes: la exageración individualista, la reacción al avance progresivo en la igualdad de género y los derechos de las minorías, el proyecto de reconstrucción del patriarcado, el renovado antisocialismo y la irradiación generalizada del odio como estrategia de construcción política.
La crisis de seguridad que vive nuestra región latinoamericana, y que los gobiernos populares no aciertan a resolver, crea las condiciones para la emergencia de fuerzas neofascistas punitivitas y discriminatorias, tanto como en Europa y en EEUU experimentan una crisis migratoria, que resulta en un paralelo para explicar este fenómeno global del ascenso de la extrema derecha y las formas en que se manifiestan.
Otro rasgo propio en nuestro subcontinente es la conexión de las fuerzas de este signo con las dictaduras de los setenta y el modo en que se apropian y resignifican los valores nacionales en el discurso de gestión, tanto como en el relato que se construye para su justificación ideológica.
El «mileísmo» está utilizando herramientas estructurales homologables con el fascismo (en su categoría más amplia), en tanto estrategias políticas de acumulación y consolidación, tales como la movilización reaccionaria, la estigmatización de las izquierdas en tanto enemigos a aniquilar, la irradiación capilar del odio como ya mencionamos, etc.
FORTALEZA Y DEBILIDAD DE LA PROPUESTA. EL MITO
En primer lugar, debemos entender que el éxito de la gran captación de voluntades de la proposición política de La Libertad Avanza, se centra en su carácter disruptivo del escenario político tradicional, generando esperanza y nuevas aspiraciones, algo radicalmente “nuevo”, en una sociedad que en los últimos años no logró progresar materialmente ni ver satisfechas sus expectativas, lo que implica un fracaso de los proyectos pretéritos.
Asimismo, la fuerza que impulsa tantas adhesiones originales se basa en que es portadora del mito movilizador, es decir, un relato que explica el mundo y un destino mejor para la mayoría, a través de un incuestionable camino a recorrer. Ese mito central, que condiciona su ideología, su propaganda, su estilo político y sus acciones, es la visión del inminente renacer de la nación desde la decadencia.
Tal mito inspira el proyecto de que solo un movimiento interclasista y popular libertario puede purificar el “sistema” y detener la ola de “declinación” de la nación. Allí tenemos su esencia “anti casta” y de la “motosierra contra el Estado”, propias de su narrativa.
A propósito del relato, a la hora de elaborarlo, poco y nada importan los datos empíricos, pues se apela a los sentimientos, no al saber documentado para adherir. El imperio de las imágenes predomina sobre la razón, se crea incluso un vocabulario propio.
MITOS PARA LOS PROPIOS Y PALOS PARA LOS AJENOS
Aunque claramente existe en el gobierno de Javier G. Milei una clara vocación totalitaria, patentizada por la subestimación de los otros poderes del Estado, la brutal represión en sí como flagrante violación a la Constitución y el desconocimiento del derecho de disidencia y expresión de protesta pública.
En nuestra opinión, toda esa arrogancia y destrato al «otro» están fundados en el pensamiento de Carl Schmitt, para quien la mayoría electoral habilitaría a hacer prácticamente cualquier cosa, planteamiento de sesgo claramente totalitario que el gobierno argentino actual hace propio.
Ante elocuentes excesos de las fuerzas de seguridad en las protestas callejeras, los funcionarios justifican las acciones violentas contra la ciudadanía sin discriminación.
EL MIEDO COMO INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN MILEÍSTA
Los filósofos políticos Hobbes, Maquiavelo y Baruch Spinoza coincidían en que el miedo era el factor fundacional de las sociedades y, en particular, de la política. Spinoza sostenía que las emociones son la base ontológica de la conducta humana y la organización política del Estado.
Normalmente, toda gestión de derecha –e incrementada proporcionalmente hacia su extremo– moviliza recursos materiales y simbólicos en torno a la “inseguridad”, y, asistida por medios de comunicación afines, motorizan los “reflejos” regresivos de la sociedad.
Por eso, el miedo resulta un inmejorable aliado para apuntalar una sociedad de la vigilancia y el castigo como se pretende imponer nuevamente en Argentina.
Gran parte de la sociedad cambió la vergüenza del temor por una reivindicación pública por «seguridad», incluso a costa de recortar derechos fundamentales.
A MODO DE CONCLUSIÓN
Lo primero que quisiera expresar es que no se puede reparar lo que se desconoce. En ese sentido, el advenimiento del régimen proto fascista fue inesperado por muchos analistas, por su creencia en una “norma histórica” fundada en la idea de “progreso” como una temporalidad lineal.
La creencia de que hay ‘cosas’ que ya no son posibles en la sociedad humana del siglo XXI es muestra de una parálisis filosófica, de un estancamiento en el pensamiento popular democrático y emancipador.
Estos cambios disruptivos deben servir para producir saberes políticamente útiles. La mercantilización de todo y la redefinición estratégica del país hacia un horizonte extractivista generaron el terreno propicio para su consolidación.
Solo la concientización de las mayorías, la manifiesta oposición de las instituciones democráticas y la lucha concreta en las calles son el único remedio eficaz para evitar u obstaculizar el totalitarismo que el actual gobierno pretende imponer.
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