El PRO lanza una campaña austera centrada en la escucha activa, buscando retomar la iniciativa en la Ciudad de Buenos Aires. Con una lista liderada por Silvia Lospennato y sin merchandising ni timbreos, el objetivo es contrarrestar a Milei y al kirchnerismo, enfocándose en problemas locales y evitando la polarización.
El PRO lanza una campaña austera y territorial para marcar distancia de Milei y el kirchnerismo
El PRO sale a la calle con una nueva estrategia electoral: baja exposición nacional, sin globos ni sombrillas, y una consigna de campaña sencilla pero potente: “poner la oreja”. Con Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Jorge Macri encabezando las recorridas, el partido busca retomar la iniciativa en la Ciudad de Buenos Aires, marcar territorio frente a La Libertad Avanza y evitar que el voto opositor se disperse, allanándole el camino al kirchnerismo en las elecciones legislativas de mayo.
Después de semanas de tensiones internas y negociaciones ásperas para definir las listas porteñas, el PRO presentó una fórmula donde la diputada Silvia Lospennato lidera el armado. La secunda Hernán Lombardi, y completan Laura Alonso, Darío Nieto, Rocío Figueroa y Waldo Wolff. Se trata de una nómina que equilibra experiencia parlamentaria, gestión porteña y representatividad partidaria. Con ese equipo, la fuerza fundada por Macri quiere contrastar su institucionalidad frente a la impronta disruptiva de los libertarios y la nostalgia de los proyectos kirchneristas.
La campaña prescinde de los elementos tradicionales con los que el PRO se hizo popular en sus primeros años: ni globos, ni jingles pegadizos, ni merchandising. Tampoco habrá timbreos masivos. Esta vez se apuesta a la escucha activa y personalizada, con presencia territorial en 600 puntos de las 15 comunas y más de 3.500 dirigentes y militantes en contacto directo con los vecinos. El mensaje es claro: después de 18 años de gobierno en la Ciudad, hay que dar respuestas a problemas concretos, desde la inseguridad urbana en el sur hasta las quejas por limpieza en zonas del norte.
La elección de enfocarse estrictamente en una agenda local no es casual. Dentro del partido reconocen que el contexto nacional es volátil y potencialmente riesgoso. Aunque Macri y Vidal no se privaron de lanzar críticas al gobierno nacional —el exmandatario apuntó contra Javier Milei y Vidal responsabilizó a Karina Milei por la falta de acuerdo entre PRO y LLA— la instrucción operativa es moderar los ataques y conservar una postura de “gobernabilidad responsable”. En la práctica, reforzar esa narrativa de que el PRO es el socio racional del Gobierno en el Congreso, pero no su apéndice ideológico.
La estrategia tiene un nuevo cerebro: Antoni Gutiérrez Rubí, el asesor catalán que ayudó a moldear campañas para Cristina Fernández en 2017 y a Sergio Massa en 2023. Su influencia ya se deja ver: sustituye la lógica mediática por una cercanía de bajo perfil; sugiere escuchar más que hablar; acercarse al votante sin eslóganes, y fijar agenda sin confrontación personalista. Paradójicamente, este giro hacia lo local fue puesto en duda por el propio Jefe de Gabinete nacional, Guillermo Francos, quien acusó a Gutiérrez Rubí de operar en las sombras para instalar una campaña negativa contra Karina Milei. Las declaraciones alimentaron suspicacias justo cuando el PRO buscaba evitar el choque frontal con el oficialismo.
Detrás del rediseño discursivo también se cuecen internas profundas. La decisión de llevar a Lospennato como primera candidata dejó sin lugar a sectores más cercanos al larretismo. Vidal fue clara al señalar su preocupación por la división del partido y el efecto electoral que puede tener esa fragmentación en favor del kirchnerismo. “Es triste y peligroso”, dijo, en alusión al proyecto personal de Horacio Rodríguez Larreta que decidió no sumarse a la campaña del PRO porteño y baraja lanzarse por fuera en estos comicios.
El macrismo apuesta a dividir su presencia territorial: martes, jueves y sábados con alto perfil y los principales dirigentes en escena; el resto de los días, actividades más pequeñas encabezadas por candidatos acompañados de funcionarios. El objetivo es amortiguar las críticas que puedan surgir y transformarlas en gestos inmediatos de gestión —sin promesas grandilocuentes, pero con capacidad de respuesta rápida— como piden los manuales del marketing político de proximidad.
Los cuadros que completan la lista —desde Victoria Morales Gorleri hasta Marcos Gómez Martín— responden a diferentes sellos territoriales del PRO y compactan las alianzas internas que amenazaban con dispersarse. La expectativa es que con un mensaje claro, recursos moderados y conductores visibles como Macri y Vidal, el partido logre reposicionarse como la principal fuerza opositora con anclaje institucional en la Ciudad, sin caer en la lógica polarizante que beneficia a los extremos.
En un escenario donde cada voto cuenta, la clave del éxito parece estar menos en las declaraciones de alto calibre y más en la capacidad de recuperar la mística original de la gestión cercana. Para eso, el PRO bajó el volumen y subió la sensibilidad. A 49 días de las elecciones, la apuesta está en el oído más que en la voz.