El mercado cambiario enfrenta tensiones con un dólar blue a $1.325, mientras el BCRA pierde reservas. Los combustibles aumentan, reflejando la fragilidad económica. A pesar de incrementos en ventas de autos, persiste la incertidumbre sobre la política cambiaria y su capacidad para estabilizar la economía sin ingresos significativos por exportaciones.
El dólar presiona sobre el Gobierno: ventas del BCRA, mercado agitado y combustibles al alza
El arranque de abril encontró al mercado cambiario nuevamente agitado. El dólar blue, que cerró marzo con una fuerte suba, abrió la jornada del martes en $1.325 para la venta y $1.305 para la compra, aunque horas después retrocedió a $1.315 y $1.295 respectivamente. El nerviosismo no solo alcanza al mercado informal: el Banco Central debió desprenderse de otros 143 millones de dólares —acumulando una pérdida de US$ 1.780 millones en las últimas once ruedas—, evidenciando que la calma cambiaria es, al menos, relativa.
En paralelo, el contado con liquidación se ubicó en $1.319 y el dólar MEP en $1.314, mostrando cierta estabilidad en las variantes bursátiles. Sin embargo, el drenaje de reservas por parte del BCRA en un contexto en el que se esperaba superávit comercial genera preocupación en el núcleo económico del oficialismo. La falta de dólares genuinos limita cualquier margen de maniobra y expone una fragilidad estructural que la administración intenta administrar, más que corregir.
La dinámica del tipo de cambio no solo sacude las mesas de dinero sino también al bolsillo cotidiano. En la ciudad de Santa Fe, los precios de los combustibles registraron un nuevo ajuste, evidenciando la imposibilidad de desacoplar las variables internas del entorno financiero más volátil. En las estaciones de YPF, la nafta súper pasó de $1.252 a $1.274; la Infinia subió a $1.527, mientras que el Gasoil Infinia llegó a $1.513. Shell y Axion también aplicaron alzas, con topes por encima de los $1.570 en los combustibles premium.
Lejos de tratarse de un fenómeno meramente estacional o especulativo, los movimientos del dólar reflejan tensiones económicas de mayor calado. El tipo de cambio paralelo actúa como termómetro de expectativas y, a su vez, como válvula de escape frente a controles oficiales. El hecho de que el blue haya cerrado marzo con una suba considerable contradice el discurso gubernamental que insinúa una estabilización macroeconómica en curso. La pérdida de divisas del BCRA desnuda ese contraste: lo que se gana nominalmente en narrativa, se pierde silenciosa, pero persistentemente, en reservas tangibles.
En el medio, se encadenan otros datos que si bien pueden leerse en clave positiva, no necesariamente reflejan una mejora estructural. Las ventas de autos 0km se dispararon 90,2% interanual en el primer trimestre del año, con un total de 161.229 vehículos patentados, marcando el mejor arranque desde 2018. El dato no es menor, pero debe leerse con cautela: parte del boom puede explicarse por cierta cobertura de valor frente a la licuación monetaria y por la implementación de bonos o incentivos del sector privado que adelantan consumos.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿cuánto margen le queda al Gobierno en materia de política cambiaria sin una avalancha de ingresos por exportaciones? Aunque el agro podría comenzar a mostrar señales más contundentes en semanas venideras, la política económica camina sobre un hilo cuyas puntas tiran en direcciones distintas. Por un lado, se necesita consolidar cierta estabilidad nominal que alimente expectativas positivas; por otro, esa misma inercia obliga a intervenciones que erosionan reservas y condicionan decisiones futuras.
A eso se suma la expectativa empresaria, que comienza a encender alertas por la sostenibilidad del modelo que ensaya el oficialismo. La volatilidad del dólar hace ruido en las cadenas de precios, obliga a pisar listas de proveedores y, en algunos casos, a frenar nuevos lanzamientos o inversiones. Un paisaje que, lejos de oxigenar, plantea interrogantes sobre la capacidad de la administración para reconciliar estabilización con crecimiento.
El punto neurálgico sigue siendo el frente cambiario. Y mientras el Banco Central siga cediendo reservas al ritmo actual, el equilibrio será, necesariamente, transitorio. Lo que está en juego ya no es solo el dólar blue: es la credibilidad de la hoja de ruta oficial en un terreno donde los márgenes políticos comienzan a estrecharse tanto como las reservas.